martes, 9 de marzo de 2010

Ya no estamos en pascuas

La espalda siempre bien recta y, luego, dejar que me pinchen las vulgaridades de las calles. Primero que sí, luego que no, pero dijo que sí... Así que no. Si no le entienden a la primera, la mujer de masacre (en el lugar de corazón) se incendia en la ternura y desata la furia de la ignoracia. Duele, pero no mata.

Mis años más devotos se los debo a ella, mi corazón tortuoso también... Y este miedo, esta petrificante nación de azulejos. Le temo a la vida y le temo a la muerte, al padecer, al sentir placer, al gris pulmón que abarca el corazón de Manuel.

Estoy asustada.

Es por mí, corazón. Pues acá se enerva la vida y las raíces se suben al cielo. El trueno no te pedirá permiso y saldrá la sangre por tus ojos, pues el poder carcome y no deja a la razón encontrar un lugar en la fotografía. Y mi sufrimiento se hace inaudito.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El regreso a cuadraditos

La inmensa, la de ego grande y comentarios enardecidos. Al lado de la insignificante, la conocedora del todos, de los diablos y los instrumentos. Esta frágil soledad que no se inmuta ante el transeúnte, ante la luz focal, ni el parpadear de tus pestañas (las lindas, claro).
Ni tu, ni tu renacer.
Pero sí la maliciosa garra de mi doble, de la rama caída que busca aquel ilustre uniforme incompleto.

La fantasía y el galope.
Color pastel con carnaval.
Fácil calor, pero sin soledad.
Amor provincial.
Mi corazón ya no se guarda, porque he regresado.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Volviste: Rápido o despacito

Entumecidos se encuentran los jinetes del apocalipsis, cuando posas sobre mi ser. Es placer carnal doloroso y efímero tu sentir en los músculos y la pena me envuelve. Hubiese sido divertido, una mala mujer, la erótica, perversa y doliente.

Esa, yo.

Pero me haces regresar a esta realidad perdida, obsoleta. Infinita deficiencia de no haber aguantado en su ser millones de segundos más. Pues no lo conocí en el instante eterno, en la minuciosa claridad. En la repugnancia de mi pasado me encuentro y el camino se acelera al futuro regresivo.

Maldito! Maldito seas pensamiento bueno y concreto!
Las mil mariposas de mi epidermis están sitiendo sobre sus alas una redención...

lunes, 23 de noviembre de 2009

En la gran cama guinda

Los Lunes le prometo a la luna.
Yo ruego y no existo.
Mis promesas siempre somnolientas,
no configuran ni el futuro, ni lo lila, tan solo lo preciso

viernes, 30 de octubre de 2009

Aliviar tus ojos.

No cae al suelo para que lo recojas. Cae para que te des cuenta.
Obsérvame, por favor, que te miro y mi desconsuelo se inunda ante tu simpatía disipada. Obsérvame, que te he trazado un cruce con mi vida y aún no lo conoces, pues debo contártelo todavía.
Obsérvame, no he obrado erradamente para que tu lado desgraciado, malicioso, no desee consultar, a su alma, el aliviar sus ojos en mí.
Obsérvame! ¿Qué he hecho? ¿Acaso soy invisible? Soy como tú, no eres más, mi piel se eriza cuando siento mis pies acariciar el mismo suelo que tú acariciaste en algún momento; mi cuerpo se entremese al oír al fuego con el fuego.

Contémplame, mírame, examíname, percíbeme, acéchame, date cuenta de mí, cázame como una fiera salvaje que tan solo quiere comerse tu carne para ofrecerte un poco de realización.
¡Que no eres nada! - te digo - ¡Nada! Mi existencia te determina, pero tú no puedes voltear, no puedes mirarme y me dejas acá parada, esperando que tu semblante se sienta culpable y voltee. Yo no quiero remordimientos. Yo quiero tu desenvolvimiento malicioso, quiero que me atrapes y me desangres, como aquel ruido infinito que cruza las calles y los hoyos.

Mírame, mírame, mírame, que no es justo, yo te he analizado completamente y tú no te dignas a tornarte hacia mí, porque no lo merezco y no he hecho nada para merecerlo. He sido una mala persona, una maldita asesina, convenida y egoísta que mata por la ausencia del candor absoluto.

Egoísta eres tú que no me observas, que no me buscas. Si deseas que te suplique, te suplico. Soy una sola y finita. No tengo trascendencia y mis colores se opacan progresivamente en los jardines. Soy mujer. Si no me miras, ¿para qué aguanto? ¿para qué busco? Ya no tengo sentido en este inconsolable desierto maldito que me enreda entre las algas del desamor, pues no merezco esta histeria.

Soy maldita, implacable. No me ayudes, ni voltees ni me observes. Igual en cualquier momento la soga me quitará el aliento y, por fin, quizá, mis escritos se encarnecerán en este paraíso putrefacto. Y es tu culpa por no tener la intención.

viernes, 28 de agosto de 2009

I

Lamentablemente, no me lamento.
Con esta esencia requisitoria ausente, me entregué y no dejé que me incendien el cuerpo. Tan delicioso padecer, sin tu ser cercano y vivir a solas, de mentira, pero a solas. Deliciosa pintura que cae desde los cielos y me refleja una vida sin tus filamentos. Tan preciados riesgos desperdicio, tantos frenesí no he de analizar, tan solo por estar cerca de tus extraños latidos. ¡Que despilfarro! ¡Que primavera insípida!




Mas nada vale más la pena,que verte desde mis escaleras y volverme a hipnotizar en ti.